Obama amenaza a China

Audaz maniobra intenta por estos días Washington tras el relativo fracaso en Oriente Medio con sus campañas en Afganistán e Irak: cambiar el eje de la geopolítica unos cuantos kilómetros más al este (o al oeste, según se lo mire) para poner pie en el Pacífico, con los recursos naturales en mira (especialmente ese precioso petróleo) y una ambición aún mayor: contener a China.

Nueva Guerra Fria USA contra China

Audaz maniobra intenta por estos días Washington tras el relativo fracaso en Oriente Medio con sus campañas en Afganistán e Irak: cambiar el eje de la geopolítica unos cuantos kilómetros más al este (o al oeste, según se lo mire) para poner pie en el Pacífico, con los recursos naturales en mira (especialmente ese precioso petróleo) y una ambición aún mayor: contener a China.

Como bien recalca Michael T. Klare, profesor de estudios sobre paz y seguridad mundial en Hampshire College y reciente autor de “Rising Powers, Shrinking Planet” (Potencias que Emergen, Planeta que se Achica), esto equivale a iniciar una guerra fría en Asia. Lo explica de la siguiente manera en su artículo publicado en sin permiso:

La nueva política señalada por el propio Presidente Obama el 17/11 en un discurso ante el Parlamento australiano apunta a una visión geopolítica ambiciosa -y extremadamente peligrosa-. En lugar de centrarse en el Gran Oriente Medio, como ha sido el caso en la última década, USA ahora concentrará su poder en Asia y el Pacífico. “Mi orientación es clara”, declaró en Canberra. “En nuestros planes y presupuestos para el futuro, vamos a asignar los recursos necesarios para mantener nuestra fuerte presencia militar en esta región”

Si bien los funcionarios de la administración se esforzaron en señalar que la nueva política no está dirigida específicamente a China, la implicación es clara: a partir de ahora, el foco principal de la estrategia militar estadounidense no será la lucha contra el terrorismo, sino la contención del territorio asiático, en pleno auge económico, algunos argumentan, a cualquier riesgo o costo.

Nuevo centro de gravedad del planeta

El nuevo énfasis en Asia y la contención de China son necesarios, insisten los altos funcionarios del gobierno, porque la región de Asia-Pacífico constituye, hoy por hoy, el “centro de gravedad” de la actividad económica mundial. Mientras USA se empantanó en Irak y Afganistán, señala el argumento, China tuvo el margen de maniobra para extender su influencia en la región. Por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Washington no es el actor económico dominante allí. Si USA ha de mantener su título de potencia mundial dominante, es necesario, según este pensamiento, restablecer su primacía en la región y hacer retroceder la influencia china. En las próximas décadas, no habrá tarea de política exterior, según dicen, más importante que esta.

En línea con su nueva estrategia, la administración ha implementado una serie de acciones para fortalecer el poderío norteamericano en Asia, y así poner a China a la defensiva. Estas acciones incluyen la decisión de movilizar una fuerza de 250 infantes de marina estadounidenses –a incrementarse a 2.500 en el futuro– a una base aérea australiana en Darwin, en la costa norte de ese país; y la adopción, el 18/11, de la “Declaración de Manila”, que no es más que un compromiso de estrechar los lazos militares entre USA y las Filipinas.

Al mismo tiempo, la Casa Blanca anunció la venta de 24 aviones de combate F-16 a Indonesia y una visita de Hillary Clinton a la aislada Birmania, un viejo aliado de China, la primera visita de un secretario de Estado estadounidense en 56 años. Clinton también habló de un mayor acercamiento diplomático y militar con Singapur, Tailandia y Vietnam, todos ellos países vecinos de China o en rutas de comercio clave para la importación de materias primas y la exportación de productos manufacturados.

Tal como lo representan los funcionarios del poder ejecutivo estadounidense, estas acciones están destinadas a maximizar las ventajas de los USA en los ámbitos diplomático y militar en un momento en que China domina el ámbito económico regional. En un reciente artículo en la revista Foreign Policy, Clinton sugirió que tras años de debilitamiento económico, USA ya no pueden esperar prevalecer en múltiples regiones de forma simultánea sino que deben elegir cuidadosamente sus campos de batalla y desplegar con cautela sus limitados recursos –la mayoría de ellos de carácter militar– para obtener el máximo provecho. Dada la centralidad estratégica de Asia para el poderío global, esto significa concentrar allí los recursos.

“Durante los últimos 10 años”, escribió Clinton, “hemos dado ingentes cantidades de recursos a [Irak y Afganistán]. En los próximos 10 años, debemos ser inteligentes acerca de dónde invertimos nuestro tiempo y energía, de forma que logremos la mejor posición posible para mantener nuestro liderazgo [y] proteger nuestros intereses… Una de las tareas más importantes de la política extranjera de USA en los próximos 10 años será el asegurar una mayor inversión –diplomática, económica, estratégica y demás– en la región Asia-Pacífico”.

Esa forma de pensar, con un enfoque claramente militar, parece peligrosamente provocativa. Los pasos anunciados implican una creciente presencia militar en las aguas fronterizas con China y un importante acercamiento en las relaciones militares con los vecinos de ese país, movimientos que ciertamente elevarán los niveles de alerta de Beijing y endurecerán el puño del círculo de gobierno (sobre todo en la cúpula militar china), que favorecen una respuesta más activa, militarmente hablando, a las incursiones estadounidenses. Cualquier forma que esto tome, una cosa es cierta: los directivos del número dos del mundo en poder económico no permitirán que se les vea débil e indecisos ante una concentración de fuerza militar estadounidense en su periferia. Esto, a su vez, significa que podríamos estar sembrando las semillas de una nueva guerra fría en Asia en 2011.

El incremento de la presencia militar de estadounidense y la posible respuesta china ya han sido objeto de debate en la prensa americana y asiática. Pero existe una dimensión crucial de esta incipiente lucha que no ha recibido ninguna atención: la medida en la cual las recientes acciones en Washington son el resultado de un nuevo análisis de la ecuación energética global, que revela (según lo entiende la administración Obama) una mayor vulnerabilidad de la parte china y nuevas ventajas para Washington.

La nueva ecuación de la energía

Durante décadas, USA ha sido muy dependiente de las importaciones de petróleo, en gran medida desde Oriente Medio y África, mientras que China era en gran parte autosuficiente. En 2001, USA consumió 19,6 millones de barriles de petróleo por día, mientras que sólo produjo 9 millones de barriles por día. La dependencia de proveedores extranjeros para el déficit de esos 10,6 millones de barriles por día es una fuente de constante preocupación para los políticos de Washington. Y la respuesta tradicional ha sido crear los lazos militares más fuertes con los productores de petróleo del Medio Oriente y recurrir a la guerra de vez en cuando para garantizar el suministro.

Por otro lado, en 2001, China consumió solamente 5 millones de barriles por día y con una producción nacional de 3,3 millones de barriles, sólo tuvo que importar 1,7 millones de barriles. Esas cifras frías y duras hacían que su liderazgo se preocupara menos por la fiabilidad de sus principales proveedores extranjeros y, por lo tanto, no tenía necesidad de imitar los tejes y manejes en política exterior en los que Washington siempre está involucrado.

Ahora, el gobierno de Obama ha concluido que la situación está empezando a voltearse. Como resultado de la pujante economía de la China y el surgimiento de una importante y creciente clase media (que ya ha empezado a comprar sus primeros coches), el consumo de petróleo del país se está disparando: según las últimas proyecciones del Departamento de Energía de USA, pasará de 7,8 millones de barriles por día en 2008, a 13,6 millones de barriles en 2020, y a 16,9 millones en el 2035. Por otro lado, se espera que la producción nacional de petróleo crezca de 4,0 millones de barriles diarios en 2008 a 5,3 millones en 2035. No es de extrañar, entonces, que las importaciones chinas tengan que crecer de 3,8 millones de barriles por día en 2008 a un proyectado 11,6 millones en 2035, momento en que superará a las de USA.

Entretanto, USA podrían mejorar su situación energética. Gracias al aumento de la producción en “áreas de difícil extracción” (o tough-oil areas en inglés) en USA, incluyendo los mares del Ártico en Alaska, las aguas profundas del Golfo de México, y formaciones de esquisto, en Montana, Dakota del Norte y Texas, se espera que disminuyan las importaciones futuras, a pesar del aumento en el consumo de energía. Además, es probable que la producción en el hemisferio occidental aumente para reemplazar a las fuentes de Oriente Medio o África. Una vez más, esto será posible gracias a la explotación de áreas de petróleo de difícil extracción, incluyendo las arenas de alquitrán de Athabasca en Canadá, los campos de petróleo en las profundidades del Atlántico brasileño, y regiones ricas en petróleo de una Colombia pacificada. De acuerdo con el Departamento de Energía, la producción combinada de USA, Canadá y Brasil aumentaría en 10,6 millones de barriles por día entre 2009 y 2035, un salto enorme, considerando que la mayoría del mundo espera presenciar un descenso de la producción.

¿A quien pertenecen estas rutas marítimas?

Desde una perspectiva geopolítica, todo esto parece conferir una ventaja real sobre USA, aún cuando China se convierte cada vez más vulnerable a los caprichos de los acontecimientos en, o a lo largo de, las rutas marítimas a tierras lejanas. Significa que Washington será capaz de contemplar una relajación gradual de sus lazos militares y políticos con los estados petroleros de Oriente Medio que han dominado la política exterior durante tanto tiempo y ha conducido a esas guerras tan devastadoras y costosas.

De hecho, tal como dijo en Canberra el presidente Obama, USA está ahora en condiciones de comenzar a reorientar sus capacidades militares. “Después de una década en la que luchamos 2 guerras que nos costaron muy caro”, declaró, “USA está ahora mirando al vasto potencial de la región Asia-Pacífico”.

Para China, todo esto significa un posible deterioro de su posición estratégica. Si bien en el futuro una parte importante del petróleo importado por China viajará por tierra a través de oleoductos desde Kazajstán y Rusia, la mayor parte seguirá llegando en buques tanque desde el Oriente Medio, África y América Latina, por rutas marítimas vigiladas por la Marina de USA. De hecho, casi todos los buques petroleros que van a China viajan a través del Mar del Sur de China, un cuerpo de agua que la Administración Obama ahora busca poner bajo control naval efectivo.

Al asegurar el dominio naval del Mar del Sur de China y aguas adyacentes, el gobierno de Obama pretende adquirir el equivalente del siglo XXI al chantaje nuclear del siglo XX. Si nos empujan demasiado, por implicaciones de la política, nos veremos obligados a poner de rodillas a su economía, mediante el bloqueo de sus vías de suministro de energía. Por supuesto, nunca dirán nada de esto en público, pero es inconcebible que los funcionarios de la administración no estén pensando en estos términos, y hay evidencia de que los chinos están seriamente preocupados por este riesgo como lo indica, por ejemplo, sus frenéticos esfuerzos para construir gasoductos tremendamente caros a través de toda Asia hasta la cuenca del Mar Caspio.

A medida que se aclaran los nuevos planes estratégicos de Obama, no puede haber ninguna duda de que el liderazgo chino tomará medidas para garantizar la seguridad de las líneas de suministro de energía. Algunas de estas acciones, sin duda, serán económicas y diplomáticas, incluyendo, por ejemplo, esfuerzos para cortejar a actores regionales, como Vietnam e Indonesia, así como a los principales proveedores de petróleo como Angola, Nigeria y Arabia Saudita. Pero no nos equivoquemos: otras serán de carácter militar y es inevitable una acumulación significativa de fuerzas de la marina de guerra china –aunque todavía pequeña y atrasada en comparación con la flota de los Estados Unidos y sus principales aliados–. Del mismo modo, podemos estar seguros de que China estrechará sus lazos militares con Rusia y con los estados miembros de la Organización de Cooperación de Asia Central de Shangai (Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán).

Además, Washington podría estar ahora provocando el comienzo de una verdadera carrera armamentista en Asia, al estilo de la de la guerra fría, que ninguno de los dos países puede costear en el largo plazo. Todo esto es probable que conduzca a una mayor tensión y riesgo de una escalada involuntaria que derive en incidentes futuros y que involucre buques de USA, de China y aliados -como el que ocurrió en marzo de 2009 cuando una flotilla de buques de guerra chinos rodearon a un barco de vigilancia anti-submarinos estadounidense, el Impeccable, y que casi ocasiona un intercambio de fuego. A medida que más buques de guerra circulan de forma cada vez más provocadora a través de estas aguas, crece el riesgo de que se produzca este tipo de incidentes.

Pero los riesgos potenciales y los costos de esta política primordialmente militar hacia la China no se restringen a Asia. En su intento de promover una mayor autosuficiencia estadounidense en la producción de energía, la administración Obama puso su sello de aprobación a varias técnicas de producción –perforación en el Ártico, perforación profunda en alta mar, la fractura hidráulica- que está garantizado que causarán más catástrofes ambientales al estilo del Deepwater Horizon. Una mayor dependencia de las arenas alquitranadas canadienses, la fuente de energía más “sucia”, se traducirá en mayores emisiones de gases de efecto invernadero y una multitud de otros peligros ambientales, mientras que la producción de petróleo profundo del Atlántico frente a las costas de Brasil y otras partes, tiene su propio conjunto sombrío de peligros.

Todo esto asegura que, ambiental, militar y económicamente, nos encontraremos en un mundo más, y no menos, peligroso. Es entendible el deseo del gobierno estadounidense de alejarse de las desastrosas guerras terrestres en el Gran Medio Oriente para tratar cuestiones clave en Asia, pero elegir una estrategia que pone tan fuerte énfasis en el dominio y la provocación militar solo puede provocar una respuesta del mismo tipo. Difícilmente se puede considerar un camino prudente, y mucho menos que promueva los intereses de USA en el largo plazo, en un momento en que la cooperación económica mundial es crucial. Y sacrificar el medio ambiente para lograr una mayor independencia energética no tiene ningún sentido.

Una nueva guerra fría en Asia y una política energética hemisférica que podría poner en peligro el planeta: es esta una mezcla fatal que se debe reconsiderar antes de que ocurra la confrontación y nos deslicemos hacia un desastre ambiental irreversible. No hay que ser adivino para saber que esta no es la definición de lo que significa ser un buen estadista sino la de una “marcha hacia la locura”.”

Buenos oficios vs. desembarco unilateral

¿Qué tiene China para decir de todo esto? ¿Está lista para contrarrestar la vuelta de USA al Pacífico.

Pues en principio ambas partes intentan los acercamientos que hagan de la situación, la menos traumática posible. En ese sentido se enmarcan las conversaciones de la semana pasada entre Michèle Flournoy, subsecretario político de Defensa de USA y el General Ma Xiaotian, subjefe del Estado Mayor del Ejército Popular de Liberación chino que, a pesar de los buenos oficios, dejaron los temas mas turbulentos sin resolver.

Similares conversaciones de alto nivel mantuvieron Barack Obama y Hu Jintao durante la cumbre de APEC en Hawaii. El objetivo siendo siempre el mismo: aplacar a una China un tanto volátil por el regreso de USA a la región, un hecho ya consumado para una Washington que prefiere intentar convencer a pasar de hacerlo.

Después de todo, es un secreto a voces que los países aliados de USA en la región del Pacífico han buscado durante mucho tiempo un mayor apoyo político de Washington y una mayor presencia militar en el campo para frenar la agresividad China. Claro es el ejemplo de Filipinas y Vietnam que disputan territorios en el Mar Meridional Chino. China también mantiene reclamos en las aguas colindantes con Indonesia, Malasia y Brunei.

En flagrantes violaciones a los protocolos internacionales, flotillas navales de China suelen aparecer sin previo aviso cerca de las aguas territoriales japonesas, inquietando a Tokio. Taiwán, un socio de USA, también ha sufrido de falta de atención en el ámbito de la seguridad. El lobby chino ha impedido por el momento que Washington le proporcione a Taipei nuevos y modernos cazas F-16 . En cambio, los modelos más antiguos sí serán actualizados.

Lamentablemente, los esfuerzos de USA para lograr que Beijing redireccione sus misiles que apuntan a Taiwán ha tenido poco éxito. Corea del Sur, otro socio de USA, sufre la continua belicosidad de Corea del Norte, aupada por China.

Aunque aparentemente se empleará para garantizar el transporte de recursos energéticos de necesidad vital para China, sus alianzas pone nervioso a Occidente. Beijing ha establecido las bases navales o los derechos garantizados de acoplamiento y aterrizaje para sus fuerzas armadas en Sudán, Kenia, Pakistán, Sri Lanka, Bangladesh, Maldivas y Birmania.

China refuerza estas acciones con una carrera armamentística que ya incluye su propio portaaviones y un programa de misiles balísticas que ha sido desarrollado claramente con la disuasión de la Marina de USA en mente. Excusándose en propósitos civiles y científicos, la política china es acusada de ser poco transparente, y como tal, poco confiable.

Claro está que todo esta movida requerirá muchos fondos, algo con lo que especialmente USA no cuenta en demasía por estos tiempos.

Finalmente, una conclusión final: Si China ha de ser considerado un socio comercial fundamental de USA, su competidor estratégico o un enemigo potencial, la reducción de la presencia de USA en el Pacífico no trajo aparejado en su momento la estabilidad necesaria o la difusión de los valores democráticos y las libertades humanas que Occidente tanto declama. Su regreso a la región, por lo tanto, puede ser un disparador para que eso cambie.

Por Michael T. Klare
Web: sinpermiso

About Lic. Carlos A. Pereyra Mele

Licenciado en Ciencia Política , Analista Político, especialista en Geopolítica Suramericana, Prof. invitado Cátedra Libre del Pensamiento Nacional Unv. de la Patagonia; CEES, y CIVIS.

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